Sergio Del Molino Melilla

El creador zaragocí ha querido viajar hasta esa línea entre Melilla y Nador que divide dos mundos. Una frontera que, sin duda, condiciona la vida día tras día de sus vecinos y les hace de otra pasta.

Una carta de amor que plasma la huella del niño y su paso por el mundo, transformada en una emocionante obra literaria. Ha paseo Del Molino territorios que son «minúsculos errores de la historia» y «restos de imperio fracasados». «Lo que queda de las fronteras en un mundo en el que pensamos que no hay, en el momento en que la frontera es un invento muy contemporáneo que perfeccionamos cada vez más», apunta. «Algo en lo que contamos superioridad con respecto a Trump, a quien los europeos miramos sobre el hombro, cuando está aprendiendo de lo que hacemos en Melilla. Gibraltar, Ceuta, Melilla, Andorra, Olivenza, Llívia o Rihonor de Castilla son varios de los entornos por los que transita el autor y en los cuales se resumen y agrandan los enfrentamientos y los problemas nacionales. Del Molino define esos sitios como extraños, enquistados, casi micropaíses. Todos tienen en común su anacronismo, su vocación de espacio molesto que estropea la armonía de los mapas, según el autor.

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La presencia de la colonia se encuentra dentro de las causas que enseña toda la degradación económica de la zona. El «narco» proviene de la situación de contrabando que se ha hecho en la frontera comúnmente. Sin esas redes de contrabando no se habrían creado las de narcotraficantes, igual que ocurrió en Galicia.

Sergio Del Molino Melilla

Lo diceSergio del Molino en su libro ‘Lugares fuera de lugar’que ha obtenido el Premio Espasa de ensayo del año vigente y es de nuevo una mirada oblicua y discordante al país, tras ‘La España vacía’. Los lugares del libro, marginales y fronterizos, son incómodos. Evidencian equivocaciones del pasado que para la mayoría deberían corregirse. En Gibraltar, Ceuta, Andorra, Llívia, Olivenza y evidentemente Melilla “se exacerban los conflictos”, asegura el creador, pero precisamente por esto se puede realizar un diagnóstico de lo que somos. Así se resumeLa hora violeta, el libro del escritor y periodista Sergio del Molino en el que detalla el año de vida de su hijo Pablo desde que le diagnosticaron un raro tipo de leucemia hasta su muerte.

Puede conseguir más información aquío mudar la configuración. Usamos “cookies” propias y de otros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios customizados a través del análisis de su navegación. «Sabemos hacer muros muy fuertes», afirma Del Molino ante la imponente valla melillense, ese tajo de doce km de alambre, acero y concertinas que separa el mísero sur del rico \’paraíso\’ europeo.

Sergio Del Molino: «ceuta, Melilla Y Olivenza Son Los \’gibraltares\’ De España»

Las fronteras se convirtieron en un enorme negocio para gente que desarrolla tecnología y la instala. Eso complica todavía mucho más el discurso de intentar derribarlas. Comparamos nuestra época con esa por el hecho de que son las categorías políticas con las que podemos entender qué esta sucediendo, se nos escapa en varios puntos. Si va a provocar una destrucción de la democracia formal así como la entendemos, eso ya no lo sé. Primero, son interesantes porque han creado sociedades formidablemente complejas.

La obra, que va a salir en unas semanas, «revela mucho de esos sentimientos nacionalistas, de las vivencias de la gente que habitan esos lugares, marcadas por un periodo impresionante», explica por teléfono Del Molino. De este modo, plasma «bastante de lo que somos y lo que vivimos en un instante clave en España».

Una cárcel para muchos infranqueable y para otros una meta conseguido. Por poner un ejemplo, el escritor recuerda el «aplauso de hipocresía» a los sanitarios en este periodo de tiempo, que tiene «mucho de darse ánimos a uno mismo». «No creo que haya una reflexión profunda y seria sobre la necesidad de los enfermos de ser cuidados», ha añadido, para entonces argumentar que de la enfermedad «no se puede aprender». Por el contrario, el autor de \’La Hora violeta\’ piensa que se creó «una ética inquisitoria, acusadora y que señala al enfermo como un apestado, como en el siglo XVI cuando los encerraban». En general, Del Molino cree que la sociedad de hoy «se relaciona muy mal» con la patología, y una pandemia como la del coronavirus «no cambia nada».

  • Por los serpenteantes baluartes del Foso de Hornabeque, Melilla sorprende por su arquitectura renacentista, aunque de todos modos recuerda a una prisión.
  • Eliot, «En la hora violeta, en el momento en que los ojos y las espaldas se levantan del escritorio, cuando el motor humano espera como un taxi parado en marcha», y en Del Molino charla de la angustia de un padre que ve a un hijo morir sin poder hacer nada, y de qué manera este hecho le cambia radicalmente la vida.
  • En los conflictos políticos forman parte de la vida diaria siempre.
  • Son residuos fríos de un país hecho de guerras civiles desde las primeras imaginaciones romanas y que siempre se deseó frontera.
  • Un éxito literario que se tradujo para este autor afincado en Zaragoza en un considerable apoyo editorial, como demuestra este viaje promocional, el encontronazo mediático y los galardones.

Este jurado ha descrito la obra ganadora como «una original combinación de reflexión histórica y experiencia personal que cuestiona la arbitrariedad de cualquier frontera». Sergio del Molino, en uno de los puntos calientes de Melilla, la valla fronteriza que separa la localidad autónoma de Marruecos. El artículo está disponible bajo la Licencia Creative Commons Atribución Compartir Igual 3.0; tienen la posibilidad de aplicarse cláusulas auxiliares. Al utilizar este sitio, usted acepta nuestros términos de empleo y nuestra política de privacidad. Ese contraste es lo que le quita la gracia a Gibraltar.

Pero mover a la mitad de la población a la península por fuerza no sería justo porque es gente que ha vivido aquí a lo largo de generaciones. Es un problema bien difícil y virulento pues Melilla es el rompeolas de toda la miseria de África. Aquí se nos llena la boca censurando el muro de Trump, el enorme xenófobo, sino que nos demos cuenta de que Trump está aprendiendo de ”. Es un mundo extraño para los civiles que no caben en sí de asombro cuando el brigada les informa de que el ojo que le enuclearon al delirante padre fundadorMillán Astray(“Muera la inteligencia, viva la desaparición”) está enterrado bajo un monumento en el patio. Una búsqueda posterior en google plus asegura que el ojo en cuestión está en el Museo del Ejército en Ceuta, así que aquello debe ser como el beato prepucio, cuyas reliquias se disputaron en tiempos múltiples ciudades francesas, Roma y Santiago de Compostela.

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